La naturaleza de la infinita variedad de fenómenos carece de dualidad,
puesto que cada cosa en sí misma (singularidad) trasciende todo concepto y límite de la mente.
La condición natural, la talidad tal como es, está más allá de la elaboración conceptual,
manifestándose, sin embargo, como toda diversidad de formas: el resplandor de Samantabhadra, la bondad absoluta.
Todo se perfecciona a sí mismo en la realidad, por lo que la enfermedad del esfuerzo se libera,
permaneciendo libre y natural en la contemplación de la presencia total y espontánea.
El Fundamento de la Realidad, idéntico a nuestro propio fundamento del ser, es la condición natural que trasciende toda elaboración conceptual. La naturaleza vibrante, receptiva y dinámica de este Fundamento resplandece como un espectáculo infinito y atemporal. Cuando esto se comprende, se produce el despertar; cuando no, aparece el universo dualista. En este sentido, el Fundamento es la Gran Fuente de todas las manifestaciones, ya sean seres sensibles o Budas.
Sin embargo, en realidad, todas las apariencias trascienden tanto la dualidad como la no dualidad. La visión de la dualidad (la creencia en sujetos y objetos verdaderamente existentes) y la noción de no dualidad (en el sentido de una singular «unidad») son extremos. Ninguno de los dos es el estado primordial.
La condición verdadera es no dual solo en el sentido de que «no hay dos». La percepción de un «lugar de existencia» individual —el observador o el experimentador— es una mera ilusión; es simplemente el resplandor de la conciencia primordial contraída en la experiencia de un yo separado. Sin embargo, tampoco hay «unidad» ni «cosa única». En la vasta y fluida extensión de la condición fundamental, ni siquiera un atisbo de «cosa» objetiva puede hallarse como uno o dos.
Las enseñanzas del Atiyoga nos guían hacia el descubrimiento directo de esta condición auténtica. En el instante de pura presencia, donde sujeto y objeto se disuelven, la claridad del Fundamento Puro se revela como Gran Espontaneidad. La «enfermedad del esfuerzo» mencionada en el texto alude a la idea de que el despertar es producido por una causa, pues nada que se alcance mediante el esfuerzo puede ser el estado último.
Por el contrario, sería un error suponer que la liberación se produce aleatoriamente, sin ningún medio de descubrimiento. Si bien el verdadero camino es la «no acción», una mente condicionada aún no comprende su significado. Así, aunque no haya una causa para el despertar, sí existe una revelación aparente. Esta se produce mediante el aprendizaje y la contemplación, junto con métodos hábiles para el autoconocimiento. Este es el camino del Atiyoga.